La respuesta corta
Una gamba quieta suele estar haciendo una de estas tres cosas: mudar, reaccionar a la temperatura (con frío se vuelve apática) o está enferma o estresada por la calidad del agua. La mayoría de las veces una gamba inmóvil está perfectamente bien: mudar y descansar son cosas normales. El truco está en leer las señales: busca pequeños movimientos de las antenas o las patas, comprueba si hay un exoesqueleto mudado cerca y analiza el agua antes de pensar en lo peor.
La muda: el motivo más común
Las gambas crecen desprendiéndose de su caparazón, y alrededor de una muda suelen quedarse quietas y esconderse. Puede que encuentres un caparazón vacío, transparente y con forma de gamba en el acuario: eso es una muda, no una gamba muerta, y es señal de una gamba sana que crece. Deja el caparazón mudado donde está; las gambas se lo comen para recuperar minerales. Una gamba suele volver a pastar en un día.
Temperatura y estrés
Las gambas son de sangre fría, así que si el agua está demasiado fría se vuelven lentas e inactivas. Comprueba tu termómetro: la mayoría de las gambas cereza están mejor en torno a 20-24 °C. Los cambios bruscos, o que se las añada demasiado rápido, también hacen que una gamba se paralice. Aclimata siempre a las gambas nuevas por goteo despacio para evitar el impacto. Consulta por qué se murió mi gamba tras un cambio de agua.
Calidad del agua y enfermedad
Si una gamba se queda inmóvil mucho tiempo, no está mudando y las demás también se ven mal, analiza el agua. El amoniaco, los nitritos o el cobre son los culpables habituales; confírmalo con un kit de test. Mantén los parámetros estables y sin cobre; la rutina completa está en cómo mantengo vivas a las gambas.