La respuesta corta
Un pez estresado suele avisarte a través de su comportamiento y aspecto: aletas pegadas, esconderse más de lo habitual, boquear en la superficie, dispararse o “surfear” el cristal, color apagado, o dejar de comer. El estrés en sí no es una enfermedad, pero baja las defensas del pez y a menudo aparece antes que la enfermedad. La causa más común es la mala calidad del agua, así que lo primero que hay que comprobar es siempre el agua.
Las señales comunes
Fíjate en un pez que:
- Pega las aletas al cuerpo en vez de mantenerlas abiertas.
- Se esconde constantemente o, al contrario, corretea frenéticamente.
- Boquea en la superficie o respira rápido por las branquias.
- Se ve pálido o desteñido comparado con su color habitual.
- Deja de comer o escupe la comida.
Una de estas por sí sola puede ser normal en un pez tímido; varias juntas apuntan a un estrés real.
Qué causa el estrés
Más allá de la calidad del agua, los desencadenantes habituales son los cambios de temperatura, el hacinamiento, los compañeros agresivos o incompatibles, un acuario demasiado iluminado o demasiado pelado, y un manejo o aclimatación bruscos. Los peces nuevos son especialmente propensos en sus primeros días. Identificar y eliminar el desencadenante casi siempre es más efectivo que añadir cualquier cosa al agua.
Reducir el estrés
Da a los peces agua limpia y estable, escondites, compañeros compatibles y una rutina tranquila. Aclimata a los recién llegados poco a poco: mira ¿cómo aclimato a los peces para reducir el estrés? Como el estrés y la enfermedad se solapan tanto, también ayuda leer ¿mis peces están enfermos o solo estresados? Esto es orientación general; si un pez sigue estresado a pesar de buenas condiciones, consulta a un acuariófilo con experiencia o a un veterinario.